Espejismo
─Te aseguro que no bebí más de lo justo ─dijo Franco mientras vertía su bebida en un tarro.
─Aunque siga usted asegurándolo ─le respondió Javier con un aire de indiferencia─ Nadie creerá lo que anda contando por ahí.
─¿Y por qué no? ─replicó Franco con un sobresalto que le hizo derramar en la mesa su bebida─. Se darán cuenta cuando les pase lo mismo, y entonces… ─hizo una pausa, como de quien ha olvidado las palabras por decir─ Se les habrá muerto su borracho. Su… su borracho de… hip… ¿Cómo dices que se llama?
─Telquepalque.
─¿Tele….quepelllque? ─preguntó Franco con la lengua echa nudos.
─Telquepalque, señor ─lo corrigió Javier.
─Sí, sí. No necesitas repetirlo dos veces. Que no se te olvide con quien estás hablando sólo porque te he invitado un tequila ─dijo echando una mirada al exterior─. Te lo digo ─aseguró Franco, volviéndose hacia Javier más calmado─. Recién llegaba a Temequepelque… telque… ¿si me entiendes, no?. En realidad, más disgustado que dispuesto, pues había tenido un viaje cansado, así que estaba buscando dónde relajar los nervios cuando pasé por ahí, y terminé en un Parían3. Me ofrecieron unos caballitos por debajo de la barra, que porque ahí no se podía tomar, pero ¿cuánto se puede beber clandestinamente? ─preguntó para sí─. Vi a unos caballos y a sus jinetes, un tiempo que la verdad no me acuerdo bien, y cuando apenas comenzaba a sentirme mareado… ─suspiró─ supe que era momento de seguir el camino a casa. A lo que voy es que salí de ahí como un hombre nuevo y cuando quise volver al siguiente día, me encuentro con que en realidad… no me he encontrado con nada.
─Quizá porque…─comenzó Javier.
─ ¡Ey! Qué te digo, ─le interrumpió Franco agresivo─. No quieras pasarte de listo conmigo, te las estoy contando ─le apuntó firme con el dedo índice─ llevas dos… Pero bueno, ahora me toman por mentiroso y por demás borracho. Estoy arruinado por andar contando esa historia barata. ¿O qué? ¿Tú si me crees? ─le preguntó a Javier acentuando con la barbilla su interés en la respuesta.
─Pero es que entienda usted que Telquepalque es un montón de terreno sin nada. ¿Cómo es que se inventa que hay un pueblo ahí de repente? ─respondió resignado Javier.
─Pues te juro que no estaba ni un poco borracho todavía cuando llegué ─agregó Franco─. Además, en todo caso, real o no, ese lugar no debería llamarse Tlequeleque, Telquepelque… era…
─Tl…
─¡No, no!, ¡no me lo digas! que te saco la pistola aquí mismo ─advirtió Franco, palpando la funda vacía─ …como te digo, después de todo, de nada sirve recordármelo, que ese sitio no tiene cara de Temquelque ni de Tlequepalque, ─dijo irritado─. Tiene cara de Tlaquepaque4.
─¿Tlaquepaque? ¿Qué significa? ─preguntó confundido Javier.
─Pues era…. Buena vista creo, sí…era Buena vista. ─concluyó sonriendo Franco el borracho, satisfecho por su astucia para nombrar a la nada.