Cuestión de ética

—¿Para qué querrías vivir más de lo habitual? —le pregunté a mi compañero mientras hundía la aguja en la pata del ratón. El animal chilló; un sonido agudo que me resultó extrañamente satisfactorio.

—A mí no me vendrían mal unos doscientos años —respondió él, sin despegar la vista de las jaulas—. Me gusta ser joven, salir, beber... ¿No te gustaría hacerlo para siempre?

—¿Qué sentido tendría? —repliqué—. Terminarías perdiendo el tiempo y masturbándote dos veces al día, como es tu costumbre. Eso solo traería sobrepoblación y resacas eternas. Además, no habría empleos para todos. No es que quiera este puto trabajo para toda la vida, es solo algo temporal hasta que descubra...

—Pues trabajas hasta la jubilación —me interrumpió—, te inyectas esto para rejuvenecer y vives tranquilo un rato. Aunque dudo que conserves tu puesto tanto tiempo —se echó a reír—. Y listo, tu problema de desempleo se soluciona solo.

—Pienso que la vida debería ser breve y ya. Si no hiciste nada con tus primeros sesenta años, ¿qué te hace pensar que no desperdiciarás los siguientes cien?

—No lo sé. Imagina poder decir que tienes ciento cincuenta o trescientos años. Las jovencitas "prohibidas" serían las de setenta y eso sí que me prende. —Me miró por un segundo—. Además... ahora imagina que voy y le cuento a mi abuela que regeneramos las células de este ratón. Le da un infarto antes de que podamos probarlo en humanos. A veces me pregunto qué tan rápido iríamos si experimentáramos con personas, aunque los códigos de ética me hacen sentir un poco sucio. Incluso más que follar con una anciana.

—La ética es solo un retraso burocrático —respondí. Sentí un ligero tic en el párpado—. Deberíamos abogar por saltarnos esas trabas. A ti, más que a nadie, debería importarte si en el fondo lo que deseas es darle más vida a tu familia. Lo tuyo es un bien común.

—Ves, y tú quieres que todos se mueran de una vez. ¡Que Dios te perdone! —dijo burlándose—. ¿Quién será el próximo genio loco que querrá quemar una casa con su familia dentro mientras descubre la cura del cáncer?

Me quedé callado. Limpié el bisturí con un sosiego que lo hizo ponerse serio. —Te aseguro que no seré yo —dije con una sonrisa ensayada.

Inyecté al siguiente ratón para disimular el sudor de mis manos. No añadí nada más y terminé la conversación. No podía permitir que a mi compañero le diera por querer ir a mi casa a beber algo, pasear por el jardín o, peor aún, subir a mi habitación. El olor a cal viva es muy difícil de esconder, incluso para un experto en bioquímica.

—¿Para qué querrías vivir más de lo habitual? —le pregunté a mi compañero mientras hundía la aguja en la pata del ratón. El animal chilló; un sonido agudo que me resultó extrañamente satisfactorio.

—A mí no me vendrían mal unos doscientos años —respondió él, sin despegar la vista de las jaulas—. Me gusta ser joven, salir, beber... ¿No te gustaría hacerlo para siempre?

—¿Qué sentido tendría? —repliqué—. Terminarías haciéndote pendejo y dos pajas al día, como es costumbre. Tendríamos sobrepoblación y resacas eternas y no habría empleos para todos. No es que quiera este puto trabajo para toda la vida; es solo algo temporal hasta que descubra...

—Pues trabajas hasta la jubilación —me interrumpió—, te inyectas esto para rejuvenecer y vives tranquilo un rato. Aunque dudo que conserves tu puesto tanto tiempo —se echó a reír—. Y listo, tu problema de desempleo se soluciona solo.

Igualmente pienso que la vida debería ser un destello y ya. Si no hiciste nada con tus primeros sesenta años, ¿qué te hace pensar que no desperdiciarás los siguientes cien?

Pues no lo sé. Imagina poder decir que tienes 150 o 300 años. Las jovencitas "prohibidas" serían las de 70; y eso sí que me prende. —Me miró por un segundo—. Y que tal que voy y le cuento a mi abuela que regeneramos las células de este ratón... Le da un infarto antes de que podamos probarlo en humanos. A veces me pregunto qué tan rápido iríamos si experimentáramos con personas, aunque los códigos de ética me hacen sentir un poco sucio. Más que coger con una mayor.

—La ética es solo un retraso burocrático —respondí. Nosotros deberíamos abogar por eso y a ti más que a nadie debería importarle, porque lo que en realidad deseas es darle más vida a tu familia. Eso es tierno.  

—Ves, y tú quieres que todos se mueran de una vez. ¡Que Dios te perdone! —dijo burlándose—. ¿Quién será el próximo genio loco que querrá quemar una casa con su familia dentro mientras descubre la cura del cáncer?

Me quedé callado. Limpié el bisturí con un sosiego que lo hizo ponerse serio.

—Te aseguro que no seré yo —dije con una sonrisa ensayada.

Inyecté al siguiente ratón para disimular el sudor de mis manos y no dije más nada. No podía permitir que a mi compañero le diera por ir a mi casa a beber algo, ir al jardín o peor aún, subir a mi habitación. El olor a cal viva es muy difícil de esconder, incluso para un experto en bioquímica.


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